El 30 de julio de 2020, el explorador Perseverance de la NASA fue lanzado al espacio, marcando otro capítulo notable en la búsqueda de la humanidad para explorar el universo. Tras un viaje de 203 días a través de 472 millones de kilómetros, aterrizó con éxito en Marte el 19 de febrero de 2021. Aunque la misión en sí fue extraordinaria, lo que sorprendió a muchos fue el “cerebro” que impulsó este avanzado rover: un procesador nacido originalmente en 1998, el PowerPC 750.

El PowerPC 750, en su día la CPU estándar del iMac G3 de Apple, funcionaba a sólo 266 MHz, una especificación que puede parecer anticuada para los estándares actuales. Sin embargo, este humilde chip se convirtió en la base de la exploración espacial tras ser rediseñado por BAE Systems para soportar las condiciones cósmicas más duras. El resultado fue el RAD750, presentado en 2001. Fabricado en un proceso de 150 nm y con un TDP de sólo 5 W, se diseñó para sobrevivir a dosis de radiación de entre 2.000 y 10.000 grises -equivalentes a diez millones de tomografías computarizadas- sin dejar de funcionar con fiabilidad. Con un precio de $290.000, su valor no reside en el rendimiento bruto, sino en una resistencia sin igual.

Esta elección ha demostrado ser inestimable. El RAD750 se ha utilizado en más de 100 satélites y misiones en el espacio profundo, y ha funcionado a la perfección durante casi dos décadas. En la exploración espacial, la velocidad y la potencia de cálculo son secundarias frente a la fiabilidad y la estabilidad. Para misiones como Perseverance, que viajan a cientos de millones de kilómetros de distancia, la supervivencia en condiciones extremas es la única prioridad. Por eso, tanto el Curiosity como el Perseverance confiaron en este procesador.

Al mismo tiempo, China ha realizado importantes avances en la electrónica espacial. El SoC2012 desarrollado en el país se ha integrado en CPUs Loongson, FPGAs, ASICs y dispositivos de microondas de carga útil de alta gama, logrando plena autonomía y control en tecnologías de chip críticas. Esto representa no sólo un progreso científico, sino también un avance estratégico en la independencia tecnológica y la seguridad nacional.

Desde el PowerPC 750 de Apple hasta el RAD750 espacial, pasando por el SoC2012 chino, cada hito demuestra el inquebrantable espíritu explorador de la humanidad. Estos chips son algo más que silicio: encarnan la innovación, la perseverancia y el afán por superar los límites. Ya se trate de un “viejo chip que conquista Marte” o de procesadores de nueva generación que allanan el camino, todos ellos contribuyen al desarrollo de la historia de la exploración humana del espacio.